Política

En los inicios de la segunda década del siglo veintiuno las sociedades han incrementado sus niveles de complejidad. Los nuevos fenómenos que recorren vertiginosamente todo tipo de sociedades exigen una reflexión que esté sujeta a reconocer la reconfiguración del mundo a partir de las tendencias que pautan nuestro tiempos: sociedades que inscriben sus diferentes aspectos económicos, políticos, culturales, tecnológicos, en una época de globalización sin precedente; las nuevas exigencias democráticas que no sólo pasan por los procedimientos electorales limpios y confiables, sino por gobiernos sujetos a la rendición de cuentas, a la transparencia, a la gobernabilidad entendida como gobierno eficaz, a la creación de políticas públicas orientadas claramente a la creación de bienes públicos; el desafío que plantean los imprescindibles equilibrios y redefinición de fronteras y competencias entre la acción del mercado, el Estado y la sociedad civil; 

la tendencia a universalizar derechos que cuestionan valores establecidos como el derecho de las minorías, de las mujeres, de la diversidad sexual, de la convivencia entre religiones y de ellas con quienes no profesan una religión; de las nuevas formas de socialización para individuos y colectivos que plantean los nuevos mundos virtuales fruto de las tecnologías; la cuestión ambiental que define el límite que tiene la humanidad para construirse en una perspectiva civilizatoria; entre muchos otros fenómenos que definen nuestra circunstancia actual.

 

Ante ello, las opciones clásicas del liberalismo, socialdemocracia, socialismo, entre otras, parecen rezagadas, anacrónicas o en proceso de reelaboración. La propia dualidad: izquierda – derecha, está en cuestión y demanda una profunda reelaboración de las coordenadas que permiten agrupar la diversidad política. Las sociedades complejas ameritan una comprensión y una práctica que presuponga esa complejidad con la dislocación que ello acarrea del entramado completo de construcción de la sociedad.

 

Llamamos Política a esta sección, precisamente porque la entendemos no sólo como el arte de gobernar, o como los métodos y procedimientos para acceder y preservar el poder, sino también y fundamentalmente, como la actividad humana que crea la sociedad, que la instituye y que, por ello, tiene la potencialidad de transformarla. A sus individuos, colectivos y gobiernos, corresponden el sentido de esa creación/transformación, a ninguno otro.